Rosa Díez

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Cuando me dijeron lo que había dicho Rosa Díez no me lo podía creer. En esta época de espacios publicitarios disfrazados de periodismo no puedes creer las noticias que te cuentan. Sin embargo es de agradecer que Cuatro tenga espacios en los que los invitados hablen libremente. Lo divertido de esos programas es que, si estás atento, aparecen micro-expresiones que retratan a lo grande al personaje.

Esto me pasó con Rosa Díez. Lo cierto es que nunca me había interesado mucho por su discurso aunque mantenía un fondo de curiosidad que todavía la preservaba opaca a mis ojos. La micro-expresión que disparó describiendo a Zapatero la ha transparentado completamente.

Pero la macro-idiotez me llevó a pensar varias cosas. Primero utilizar su nombre como descripción de su estupidez. Perdón al resto de Rosas Díez. Son varios los calificativos con esa terminación por eso me gustó el término rosadiez como sinónimo de idiotez. Podría pensarse en estupidez o gilipollez pero idiotez es un término más científico. Segundo, a pensar – se me pasó al ver la entrevista – que lo hubiera podido utilizar como reclamo para comenzar un debate sobre algún asunto de suma importancia. De todos es sabido que es una treta que suelen utilizar partidos regionales para llamar la atención sobre sus “libros”: carnet vasco, huso horario gallego, consulta soberanía, etc. No, Rosa Díez aún parece no haber alcanzado ese peldaño en la escalera de la inteligencia política.

Tercero, me recordó a un chiflada que tuve la suerte de ver en el Duomo de Milán. Completamente vestida de blanco, no le hacían caso ni las palomas. Bien podría haber sido Jesucrista o una profetisa dando el mensaje más importante de la Historia de la Humanidad pero sus ademanes y gritos no le daban mucho crédito. Desde la distancia, era un elemento más en el decorado. Pero lo cierto es que, con los gritos y aspavientos, había activado un campo de fuerza de unos diez metros de radio. Nadie rebasaba esa distancia como si la mujer disfrazada de albina desprendiese un hedor que no podía ser detectado desde donde yo me encontraba. Como vino, se fue. De súbito.

Sobre la Rosa Díez de la que se avergüenzan el resto de las Rosas Díez, me acordaré de ella cada vez que escuche otra idiotez, perdón, rosadiez. Para mí, ha adquirido el don de la transparencia.

 

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