Por un momento, fui otra persona. No lo pensé, ocurrió de pronto y de manera completamente inesperada pero aproveché la oportunidad. Entré en un sitio, me identifiqué y me tomaron por otra persona. Podría ser algo así como: “Soy Luis”, “¿El masajista de supermodelos? Por fin ¡¿dónde te habías metido?! Venga pasa que están todas esperándote”. Pero no, era un sitio con una seguridad mucho mayor. Vigilado. “Soy Luis y este es mi DNI”, “Enhorabuena por haber acertado el euromillón ¿a qué cuenta hacemos la transferencia?”. Tampoco, pero a partir de ahora llevaré siempre encima un número de cuenta.
No, entré en Mi Vodafone y me tomaron por otra persona. Por cierto, cuánto habla la tal Sofía y qué DNI más raro tenía, no se parece en nada al mío. Por si valía de algo, cogí todos esos números. Y nunca había visto un nombre tan largo a no ser que cuente el de la perra de un amigo, que tiene, dicen, pedigree. Cualquier día la llamo para decirle que, cuando era ella, cambié la contraseña.
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